No puedo vivir sin saber lo que soy ....

No puedo vivir sin saber lo que soy ....

y con fin existo......y puesto que no puedo alcanzar este conocimiento, la vida es imposible !!!

MI MUSICA !!!!

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cuento....Quien eres? JORGE BUCAY

¿QUIÉN ERES?

 


Había estado trabajando muy duro conmigo mismo. Guiado por mi terapeuta y alentado por mi deseo de descubrir todo sobre mi persona, me pasaba gran parte de mi tiempo libre meditando sobre los hechos de mi vida, mis sentimientos actuales o antiguos, mis recuerdos y como había aprendido de Jorge en ese “darse cuenta” que cada vez me sorprendía más. Pero no todo eran rosas. Algunas ideas que habitaban mi mente y sobre todo, algunas emociones que me desbordaban me dejaban triste y derrumbado.


Así fui al consultorio el día que Jorge me leyó su versión del cuento de Giovanni Papini: ¿Quién eres? Por aquel entonces yo me quejaba de la gente. No sabía qué pasaba, pero me parecía que los demás no eran confiables; yo no sabía si era yo el que hacía siempre malas elecciones de las compañías, o la gente era diferente de lo que yo esperaba...


El caso es que siempre me sorprendía esperando a alguien que nunca llegaba, o cancelando programas a último momento porque alguien no había previsto no sé qué, o las más de las veces esperando eternamente en lugares de cita a amigos que por ninguna razón estaban dispuestos a llegar a la hora pactada... Y este es el cuento que mi terapeuta me leyó: Aquel día Sinclair se levantó como siempre a las 7 de la mañana.


Como todos los días, arrastró sus pantuflas hasta el baño y después de ducharse se afeitó y se perfumó. Se vistió con ropa bastante a la moda, como era su costumbre y bajó a la entrada a buscar su correspondencia. Allí se encontró con la primera sorpresa del día: ¡No había cartas! Durante los últimos años su correspondencia había ido en aumento y era una parte importante de su contacto con el mundo. Un poco malhumorado por la noticia de la ausencia de noticias, apuró su habitual desayuno de leche y cereal (como recomendaban los médicos), y salió a la calle.


Todo estaba como siempre: los mismos vehículos de siempre transitaban las mismas calles y producían los mismos sonidos en la ciudad, que se quejaba igual que todos los días. Al cruzar la plaza casi tropezó con el profesor Exer, un viejo conocido con quien solía charlar largas horas sobre inútiles planteos metafísicos. Lo saludó con un gesto, pero el profesor pareció no reconocerlo; lo llamó por su nombre pero ya se había alejado y Sinclair pensó que no había alcanzado a escucharlo.


El día había empezado mal y parecía que empeoraba con las posibilidades de aburrimiento que flotaban en su ánimo. Decidió volver a casa, a la lectura y la investigación, para esperar las cartas que con seguridad llegarían aumentadas para compensar las no recibidas antes.


Esa noche, el hombre no durmió bien y se despertó muy temprano. Bajó y mientras desayunaba comenzó a espiar por la ventana para esperar la llegada del cartero. Por fin lo vio doblar la esquina, su corazón dio un salto. Sin embargo el cartero pasó frente a su casa sin detenerse. Sinclair salió y llamó al cartero para confirmar que no había cartas para él.


El empleado le aseguró que nada había en su bolso para ese domicilio y le confirmó que no había ninguna huelga de correos, ni problemas en la distribución de cartas de la ciudad. Lejos de tranquilizarlo, esto lo preocupó más todavía. Algo estaba pasando y él debía averiguarlo. Buscó una chaqueta y se dirigió a casa de su amigo Mario. Apenas llegó, se hizo anunciar por el mayordomo y esperó en la sala de estar a su amigo, que no tardó en aparecer.


El hombre avanzó al encuentro del dueño de casa con los brazos extendidos, pero este se limitó a preguntar: —Perdón señor, ¿nos conocemos? El hombre creyó que era una broma y rió forzadamente presionando al otro a servirle una copa. El resultado fue terrible: el dueño de casa llamó al mayordomo y le ordenó echar a la calle al extraño, que ante tal situación se descontroló y comenzó a gritar y a insultar, como avalando la violencia del fornido empleado que lo empujó a la calle....Camino a su casa, se cruzó con otros vecinos que lo ignoraron o actuaron con él como si fuera un extraño. Una idea se había apoderado del hombre: había una confabulación en su contra, y él había cometido una extraña falta hacia aquella sociedad, dado que ahora lo rechazaba tanto como algunas horas antes lo valoraba. No obstante, por más que pensaba, no podía recordar ningún hecho que pudiera haber sido tomado como ofensa y menos aun, alguno que involucrara a toda una ciudad.


Durante dos días más, se quedó en su casa esperando correspondencia que no llegó o la visita de alguno de sus amigos que, extrañado por su ausencia, tocara su puerta para saber de él; pero no hubo caso, nadie se acercó a su casa. La señora de la limpieza faltó sin aviso y el teléfono dejó de funcionar. Entonado por una copita de más, la quinta noche Sinclair se decidió a ir al bar donde se reunía siempre con sus amigos, para comentar las pavadas cotidianas. Apenas entró, los vio como siempre en la mesa del rincón que solían elegir. El gordo Hans contaba el mismo viejo chiste de siempre y todos lo festejaban como era costumbre.


El hombre acercó una silla y se sentó. De inmediato se hizo un lapidario silencio, que marcaba la indeseabilidad del recién llegado. Sinclair no aguantó más: — ¿Se puede saber qué les pasa a todos conmigo? Si hice algo que les molestó, díganmelo y se terminó, pero no me hagan esto que me vuelve loco... Los otros se miraron entre sí entre divertidos y fastidiados. Uno de ellos hizo girar su índice sobre su sien, diagnosticando al recién llegado.


El hombre volvió a pedir una explicación, luego rogó por ella y por último, cayó al suelo implorando que le explicaran por qué le hacían eso a él. Sólo uno de ellos quiso dirigirle la palabra: —Señor: ninguno de nosotros lo conoce, así que nada nos hizo. De hecho, ni siquiera sabemos quién es usted...


Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y salió del local, arrastrando su humanidad hasta su casa. Parecía que cada uno de sus pies pesaba una tonelada. Ya en su cuarto, se tiró en la cama. Sin saber cómo ni por qué, había pasado a ser un desconocido, un ausente. Ya no existía en las agendas de sus corresponsales ni en el recuerdo de sus conocidos y menos aún en el afecto de sus amigos.


Como un martilleo aparecía un pensamiento en su mente, la pregunta que otros le hacían y que él mismo se empezaba a hacer: ¿Quién eres? ¿Sabía él realmente contestar esta pregunta? Él sabía su nombre, su domicilio, el talle de su camisa, su número de documento y algunos otros datos que lo definían para los demás; pero fuera de eso:


¿Quién era, verdadera, interna y profundamente? Aquellos gustos y actitudes, aquellas inclinaciones e ideas, ¿eran suyos verdaderamente? ¿o eran como tantas otras cosas: un intento de no defraudar a otros que esperaban que él fuera el que había sido? Algo empezaba a estar claro: el ser un desconocido lo liberaba de tener que ser de una manera determinada. Fuera él como fuera, nada cambiaría en la respuesta de los demás.


Por primera vez en muchos días, encontró algo que lo tranquilizó: esto lo colocaba en una situación tal, que podía actuar como se le ocurriera sin buscar ya la aprobación del mundo. Respiró hondo y sintió el aire como si fuera nuevo, entrando en los pulmones. Se dio cuenta de la sangre que fluía por su cuerpo, percibió el latido de su corazón y se sorprendió de que por primera vez NO TEMBLABA. Ahora que por fin sabía que estaba solo, que siempre lo había estado, ahora que sabía que sólo se tenía a sí mismo, ahora... podía reír o llorar... pero por él y no por otros. Ahora, por fin, lo sabía: SU PROPIA EXISTENCIA NO DEPENDÍA DE OTROS


Había descubierto que le fue necesario estar solo para poder encontrarse consigo mismo... Se durmió tranquila y profundamente y tuvo hermosos sueños....Despertó a las diez de la mañana, descubriendo que un rayo de sol entraba a esa hora por la ventana e iluminaba su cuarto en forma maravillosa. Sin bañarse, bajó las escaleras tarareando una canción que nunca había escuchado y encontró debajo de su puerta una enorme cantidad de cartas dirigidas a él.


La señora de la limpieza estaba en la cocina y lo saludó como si nada hubiera sucedido. Y por la noche en el bar, parecía que nadie había registrado aquella terrible noche de locura. Por lo menos, nadie se dignó a hacer algún comentario al respecto. Todo había vuelto a la normalidad... Salvo él, por suerte, él, que nunca más tendría que rogarle a otro que lo mirara para poder saberse... él, que nunca más tendría que pedirle al afuera que lo definiera... él, que nunca más sentiría miedo al rechazo...


Todo era igual, salvo que ese hombre nunca más se olvidaría de quién era. —Y este es tu cuento, Demián –siguió el gordo—. Cuando no tienes registro de tu dependencia frente a la mirada de los otros, vives temblando frente al posible abandono de los demás que, como todos, aprendiste a temer. Y el precio para no temer es acatar, es ser lo que los demás, “que tanto nos quieren”, nos presionan a ser, nos presionan a hacer y nos presionan a pensar. Si tienes “la suerte” del personaje de Papini y el mundo, en algún momento, te da la espalda, no tendrás más remedio que darte cuenta de lo estéril de tu lucha.

 

 

CUENTO DE OSHO !!!

UN LIBRO MAS DE JORGE BUCAY !!!

20 pasos hacia adelante

veinte-pasos-hacia-adelante

Jorge Bucay siempre se ha caracterizado por buscar distintos elementos que nos ayuden a ser mejores. Tanto los cuentos populares como la psicología han sido los mimbres que ha usado el autor para componer su amplia bibliografía.


El paso adelante al que se refiere el título es el que debemos tomar para anticiparnos a los problemas. Es el anteponer el deseo de hacer algo en la vida antes de que nos llegue la oportunidad. Pero sobre todo es un paso para huir del pasado.


Sin duda alguna el bagaje personal influye en nuestras actuaciones. Por eso tememos a hacer algo distinto a lo que conocemos, porque, quizás, alguna vez lo intentamos y fracasamos. Esta obra viene a ayudarnos a eliminar esas ideas de nuestra mente para buscar tiempos mejores.


Pero antes de perderse en farragosas explicaciones psicológicas opta por la sencillez para que se quede la moraleja más que los tecnicismos propios de la psiquiatría. Por eso ha triunfado siempre con su estilo literario, porque las enseñanzas que se pueden obtener de sus obras son directas y asequibles para cualquier lector.


Obra recomendable para estas vacaciones, para aprovechar el tiempo leyendo cómo podríamos cambiar aquellos aspectos de nuestra vida que nos parecen obsoletos en aras de conseguir una estabilidad emocional. Una vez más, Bucay nos conquistó con esta obra que acaba de salir en edición de bolsillo.

¿por que la gente grita?

 

 

Un sabio preguntó a sus mandalies lo siguiente:


— ¿Por que la gente se grita cuando está enojad
a?


Los hombres pensaron unos momentos:


—Porque perdemos la calma —dijo uno— por eso gritamos.


—Pero
, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? —preguntó el sabio—.  ¿No es posible hablarle en voz baja?  ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

 

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.

 

Finalmente él explicó:


—Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

 

Luego el sabio preguntó:


— ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?, ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué?
Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.


El sabio continuó:


—Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede?  No hablan, sólo susurran y se vuelven a
ún más cerca en su amor.  Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo.

Así es cuando cerca están dos personas cuando se aman.

 

Luego el sabio dijo:


—Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

¿QUE ES EL AMOR?

¿Qué Es el Amor?


¿QUIEN PUEDE HACER QUE AMANEZCA?

Anthony de Mello, S.J.

 

— ¿Qué es el amor?


—La ausencia total de miedo —dijo el Maestro.
— ¿Y qué es a lo que tenemos miedo?
—Al amor —respondió el Maestro.

 

EL VALOR DEL SILENCIO !!!

Escucha el Silencio


¿QUIEN PUEDE HACER QUE AMANEZCA? Anthony de Mello, S.J.

 

—Toda palabra y toda imagen que se emplee para referirse a Dios tienen más de falseamiento que de descripción.


—Entonces, ¿cómo puede hablarse de Dios?


—Por medio del silencio.


—Y si es así, ¿por qué hablas tú con palabras?

 

El Maestro dijo:


—Cuando yo hablo, no debes escuchar las palabras.  Escucha
el silencio.

 

 

 

TODA DECISION IMPLICA RESPONSABILIDAD !!!

LA OLLA EMBARAZADA

 

(AUTOR JORGE BUCAY)

 


—Tú ya eres un adulto, Demián. Y como tal, nadie tiene poder sobre ti. Nadie. Por lo menos, nadie tiene más poder que el que tú le dés.


—Yo no les doy nada.


—Debe ser que sí.


—Pero la casa es de ellos, ellos me dan de comer, me compran algunas pilchas, pagan algo de la facultad, mi vieja lava mi ropa, hace mi cama, eso algún derecho les da...


—¿Tú no trabajas?


—Sí, claro que trabajo.


—¿Y entonces? Yo puedo entender que vivas en esa casa, si no te puedes bancar económicamente un departamento para ti; pero todo lo demás, yo creo que si de verdad quieres pelear por tu independencia, hay cosas que podrías hacer solo.


—¿Qué es esto, el folklore materno telúrico: “Aprende a limpiarte el culo antes de hacer otras cosas”?


—No, supongo que no, pero tú eres el que reclama libertad e independencia.


—Yo no quiero libertad e independencia para cocinarme mi comida, hacerme la cama o lavarme la ropa. La quiero para no tener que pedir permisos, para sentirme con derecho a contar lo que quiero y callarme el resto.


—Quizás, Demi, estos dos grupos de “libertades” sean interdependientes.


—Yo no quiero dejar de ver a los viejos.


—No, claro que no, pero tú reclamas algunos derechos recortados de tu situación actual, y renuncias a una parte de las responsabilidades que devienen de esos derechos.


—Pero yo puedo elegir en qué áreas voy a independizarme antes y en qué áreas prefiero esperar un poco.


—A ver si esto te aclara algo:


Un señor le pidió una tarde a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no era demasiado solidario, pero se sintió obligado a prestarla.A los cuatro días, la olla no había sido devuelta, así que, con la excusa de necesitarla fue a pedirle a su vecino que se la devolviera.


—Casualmente, iba para su casa a devolverla... ¡el parto fue tan difícil!

—¿Qué parto?

—El de la olla.

—¿Qué?!

—Ah, ¿usted no sabía? La olla estaba embarazada.

—¿Embarazada?

—Sí, y esa misma noche tuvo familia, así que debió hacer reposo pero ya está recuperada.

—¿Reposo?

—Sí. Un segundo por favor –y entrando en su casa trajo la olla, un jarrito y una sartén.

—Esto no es mío, sólo la olla.

—No, es suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es suya.

“Este está realmente loco”, pensó, “pero mejor que le siga la corriente”.

—Bueno, gracias.

—De nada, adiós.

—Adiós, adiós..

Y el hombre marchó a su casa con el jarrito, la sartén y la olla.Esa tarde, el vecino otra vez le tocó el timbre.

—Vecino, ¿no me prestaría el destornillador y la pinza?...

Ahora se sentía más obligado que antes.

—Sí, claro.

Fue hasta adentro y volvió con la pinza y el destornillador.Pasó casi una semana y cuando ya planeaba ir a recuperar sus cosas, el vecino le tocó la puerta.

—Ay, vecino ¿usted sabía?

—¿Sabía qué cosa?

—Que su destornillador y la pinza son pareja.

—¡No! –dijo el otro con ojos desorbitados— no sabía.

—Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya la embarazó.

—¿A la pinza?

—¡A la pinza!... Le traje la cría –y abriendo una canastita entregó algunos tornillos, tuercas y clavos que dijo había parido la pinza.

“Totalmente loco”, pensó. Pero los clavos y los tornillos siempre venían bien.Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de nuevo.

—He notado –le dijo— el otro día, cuando le traje la pinza, que usted tiene sobre su mesa una hermosa ánfora de oro. ¿No sería tan gentil de prestármela por una noche?

Al dueño del ánfora le tintinearon los ojitos.

—Cómo no –dijo, en generosa actitud, y entró a su casa volviendo con el ánfora perdida.

—Gracias, vecino.

—Adiós.

—Adiós.

Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a golpearle al vecino para pedírsela. Sin embargo, a la semana, su ansiedad no aguantó y fue a reclamarle el ánfora a su vecino.

—¿El ánfora? –dijo el vecino

– Ah, ¿no se enteró?

—¿De qué?

—Murió en el parto..

—¿Cómo que murió en el parto?

—Sí, el ánfora estaba embarazada y durante el parto, murió.

—Dígame ¿usted se cree que soy estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un ánfora de oro?

—Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y el parto de la olla. El casamiento y la cría del destornillador y la pinza, ¿por qué no habría de aceptar el embarazo y la muerte del ánfora?


Tu puedes elegir lo que quieras,
pero no puedes ser independiente
para lo que es más facil, y no serlo
en lo que es más costoso.


Tu criterio, tu libertad, tu independencia
y el aumento de tu responsabilidad
vienen juntos con tu proceso de crecimiento.


COMO SEAMOS CON NUESTROS PADRES SERAN NUESTROS HIJOS CON NOSOTROS !!!

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo de algún lugar de oriente, vivía un señor con cuatro hijos, el menor de los cuales tenia, en el momento de esta historia, alrededor de 30 años.


Para ese entonces, sus hermanos contaban con 35 y 37, y 40 años. El padre tenia algo mas sesenta, pero como en esa época el promedio de vida rondaba los cuarenta años, era prácticamente un anciano y, por lo tanto, tenia todos los problemas propios de la senectud. Su cabeza, su cuerpo, sus esfínteres, su capacidad para valerse por si mismo , nada de esto funciona ya bien en el viejo.

 


Un día, el hijo mas joven se caso y se fue de la casa. Se genero entonces un gran problema: el padre se que daría solo. La madre había muerto a raíz del ultimo parto y los otros hermanos ya estaban casados. En consecuencia, no había nadie que pudiera hacerse cargo de este viejo, con el agravante de que no eran épocas en las hubiera asilos ni dinero para pagarle a alguien que se ocupara de cuidarlo.

 

Los hijos empezaron a sentir que, pese al amor que le tenían, el padre era una complicación. No era posible que alguno de ellos se llevara al padre a vivir a su casa para hacerse cardo de él. Así es que los hijos tenían verdaderamente un serio problema.

 

El cuento comienza con los hijos reunidos conversando acerca de cual será el futuro del padre. En un momento dado, se les ocurre que se podrían turnar. Pero pronto advierten que esa solución no va a ser suficiente y, además, que significa un gran costo para sus vidas.

 

Y entonces, casi sin darse cuenta, empiezan a pensar que lo mejor que les puede pasar es que el padre se muera. Pese al dolor que implicaba para ellos ese reconocimiento, pronto advirtieron que no podían solo esperar que esto sucediera, porque el padre podía llegar a vivir muchos años mas en aquella situación.

 

Pensaron, también que ninguno de ellos podría soportar esa demora. Y entonces, misteriosamente, a uno de ellos se le ocurrió que, quizá, lo único que habría que hacer era esperar que llegara el invierno. Quizá el invierno terminara con el.

 

Y fue así como imaginaron que si entraban en el bosque con su padre y el padre se perdía, el frió y los lobos harían el resto. Lloraron por esto, pero asumieron que tenían que hacer algo por el resto de sus vidas. Y decidieron turnarse para cuidar al padre, pero solo hasta la llegada del invierno Después de la primera nevada, que fue especialmente intensa, los cuatro hermanos se reunieron en la casa.

 

Le dijeron al padre: Ven, papa, vestirte que vamos a salir . ¿salir? ¿Con la nieve? – pregunto el padre sin comprender. Pero los hijos respondieron : Si, si, si, vamos. El padre sabia que su cabeza no estaba funcionando bien últimamente, así que decidió acatar con sumisión lo que sus hijos le decían Lo vistieron, casi irónicamente lo abrigaron mucho, y se fueron los 5 rumbo al bosque .

 

Una vez allí, comenzaron a buscar un lugar para abandonarlo y desaparecer rápidamente. Se introdujeron en el bosque, cada vez más profundo, hasta que en un momento dado llegaron a su claro. De pronto, el padre dijo:

 

- Es aquí ¿Qué?- preguntaron asombrados los hijos. Es aquí – repitió el anciano Supuestamente, el padre no tenia la lucidez suficiente para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Por otro lado, ellos se habían cuidado muy bien de no decirlo. ¿A que se referiría el padre?

 

Aquí, aquí, este es el lugar – insistió. Entonces, los hijo le preguntaron: ¿Qué lugar? Papá.....¿Que lugar? Y el padre respondió: Este es el lugar donde, hace 25 años, abandoné a mi papa"

 

Esta es una historia familiar, para bien y para mal. Porque vamos a hacer con nuestros padres lo que ellos nos enseñaron que hace con los padres. Del mismo modo, nuestros hijos van a hacer con nosotros lo que nosotros hicimos con nuestros padres

 

 

 

 

Jorge Bucay Libro:

Del autoestima al egoísmo

A DONDE VOY? A DONDE VAS TU? CUAL ES TU BRUJULA?

CUENTO: DE ORIENTACION VOCACIONAL


NAVEGANTES DE LA VIDA



 

Una persona sale del puerto de su Manzanillo para navegar con su velero en un hermoso día de verano. Como zarpa solo y se trata de una pequeña excursión, no lleva alimentos ni localizador ni radio.



De repente una terrible tormenta lo sorprenda y lo lleva descontrolado mar adentro. Balanceado y castigado por el viento y la lluvia torrencial, el hombre ni siquiera puede darse cuenta de hacia donde está siendo arrastrado su barco. Por el temor de resbalar por la cubierta echa el ancla y se refugia en su camarote hasta que la tormenta amaine un poco.


Cuando el viento se calma, el hombre sale de su refugio y recorre el velero de proa a popa. Revisa cada centímetro de su nave y se alegra al confirmar que esta entera. El motor se enciende, el casco esta sano, las velas intactas, el agua potable no se ha derramado y el timón funciona como siempre.


HACERSE LA PREGUNTA CORRECTA


El navegante sonríe y levanta la vista con intención de volver a puerto. Voltea en todas las direcciones, pero lo único que ve es agua. Se da cuenta de que la tormenta lo ha llevado lejos de la costa y de que no sabe dónde está. Toma conciencia de que esta perdido.


Empieza a desesperarse y en un momento dado se queja en voz alta diciendo: Estoy perdido.


-Mirando al cielo dice en voz alta: Dios mío estoy perdido. Ayúdame.


-Misteriosamente se escucha una voz profunda que dice: ¿Qué te pasa?

El hombre se arrodilla frente al milagro e implora lloroso:


-Estoy perdido, no sé donde estoy, ilumíname. Señor ¿Dónde estoy, señor? ¿Dónde estoy?


De repente, la voz respondió a esa llamada desesperada:


- En estos momentos estas a 38 grados latitud sur y 29 grados longitud oeste.


-Gracias, gracias.... Dice el hombre más que emocionado por lo sucedido.


Pero pasada la primera alegría piensa un ratito y se inquieta retomando su queja:


- Estoy perdido Dios mío! ¡Estoy perdido!

Acaba de darse cuenta de que con saber donde uno esta no se deja de estar perdido.


- ¿Qué pasa? (dice de nuevo la voz celestial)


- Es que en realidad no me basta con saber donde estoy lo que me tiene perdido es que no sé a donde voy.


-Vuelves a tu puerto. Le responde. Ahora más rápidamente, antes de que el cielo comience a cerrarse el hombre grita. ¡Estoy perdido, Dios mío estoy desesperado!


EL CAMINO NO ES SUFICIENTE


-La voz le habla por tercera vez: ¡Y ahora qué pasa!


-Es que sabiendo donde estoy y a donde quiero llegar sigo tan perdido como antes porque ni siquiera sé donde esta ese puerto.


-Vuelves a tu puerto de Manzanillo- le responden.


Ahora, más rápidamente que antes, antes de que el cielo comience a cerrarse, el hombre grita.


-¡Estoy perdido, Dios mío, estoy desesperado!


- ¡¿Ahora qué pasa?! (La voz le habla por tercera vez)


-Es qué sabiendo donde estoy y a dónde quiero llegar, sigo tan perdido como antes porque ni siquiera sé donde esta ese puerto.

La voz celestial le empieza a decir


-Manzanillo esta a 38 grados latitud oeste y 21 grados....


-¡No, no, no! interrumpe el hombre.


-Pero tú me pediste....-replica la voz.


-Si Diosito... yo sé que te pedí, pero ¿sabes qué pasa? Que acabo de comprender que no basta con saber donde estoy y a dónde voy. Necesito saber cuál es el camino para llegar.


Eso necesito saber. Cuál es el camino para ir desde donde estoy hasta donde voy. Por favor, Dios mío, por favor...


En ese instante cae desde el cielo un pergamino atado a una cinta celeste. El hombre extiende el papel y encuentra dibujado con toda claridad un mapa.


Arriba y a la izquierda hay un puntito rojo que se enciende y se apaga con un letrero qué dice: "Usted esta aquí". Abajo a la derecho esta un punto azul donde se lee Manzanillo. Y a un tono amarillo fosforescente, una línea rodeada de varios círculos con indicaciones: remolino, arrecifes, piedrecitas, vientos fuertes de acá y de allá. Se trata claramente de una ruta que une aquellos puntos: el camino a seguir para llegar al destino.


El hombre, por fin se pone tan contento, se arrodilla y se santigua y dice: -Gracias Dios mío, gracias


El marino leva anclas, estira la vela, mira el mapa, observa por todos los lados y vuelve a gritas una vez más.


-Estoy perdido, estoy perdido.

 

CUENTO: EL BUSCADOR (JORGE BUCAY)

El Cuento del Buscador

 


Esta es la historia de un hombre que yo definiría como unbuscador ... Un buscador es alguien que busca, nonecesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo queestá buscando. Es simplemente alguien para quien su vida esuna búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debería ir a la ciudad deKammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a esassensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo,de modo que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminosdivisó a lo lejos la ciudad de Kammir. Un poco antes de llegaral pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó muchola atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y habíaun montón de árboles, pájaros y flores bellas. La rodeabapor completo una especie de valla de madera lustrada ... Unaportezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante latentación de descansar por un momento en ese lugar. Elbuscador traspasó el portal y caminó lentamente entre laspiedras blancas que estaban distribuidas como al azar,entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposasen cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eranlos de un buscador, y quizá por eso descubrió sobre una delas piedras, aquella inscripción:

"Aquí yace Abdul Tareg. Vivió 8 años, 6 meses, 2 semanasy 3 días."

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no erasimplemente una piedra, era una lapida. Sintió pena al pensarque un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar.Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedrade al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla;decía:

"Aquí yace Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas."
El buscador se sintió terriblemente abatido. Ese hermosolugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una poruna leyó las lapidas. Todas tenían inscripciones similares:un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que más lo conecto con el espanto fue comprobarque el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenaslos 11 años. Embargado por un dolor terrible se sentó yse puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasabapor ahí, se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencioy luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

"No, ningún familiar" dijo el buscador. ¿Qué pasa coneste pueblo? ¿Qué cosa terrible hay en esta ciudad?¿Porqué tantos niños muertos enterrados en este lugar...?¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta genteque los ha obligado a construir un cementerio de niños...?"

El anciano respondió:

"Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo quesucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré ...Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan unalibreta como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Y estradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vezque uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anoteen ella, a la izquierda, que fue lo disfrutado y a la derecha,cuanto tiempo duro el gozo."Conoció a su novia, y se enamoro de ella. ¿Cuánto tiempoduro esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿una semana..? ¿dos.? ¿tressemanas y media...? Y después, la emoción delprimer beso, la fiesta de bodas, ¿cuánto duró la alegría del matrimonio?¿dos días...? ¿una semana..? ¿Y el casamientode sus amigos...? Y el viaje mas deseado...? ¿Y el encuentrocon quien vuelve de un país lejano..? ¿Cuánto tiempo duro eldisfrutar de esas sensaciones...? ¿Horas..? ¿días...?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos.Cuando alguien muere es nuestra costumbre abrir su libretay sumar el tiempo anotado, para escribirlo sobre su tumba,porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo VIVIDO."

Vive intensamente, y sanamente, el presente...

CARPE DIEM

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Algo de mi....

Me llamo Arturo.....Soy un ser en busqueda de mi mismo..y de poder conectarme con mi centro.....


Un ser que hace lo posible de disfrutar a mi familia.....capaz de aprender cada leccion que la vida me da....


Juego a ser esposo, papà y trabajador...


Juego a ser psicologo, orientador, coordinador academico.


Juego a ser amante de musica y del deporte...


Juego a ser hijo de familia, hermano, cuñado y tio.


Juego a ser seguidor de serrat, Hermann Hesse, Aute, Bucay, Frankl, Logoterapia, Osho, etc....

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